Hablaron varias
veces sin llegar a nada, enojados y frustrados no cedieron en el intento de buscar
una forma de acercarse después de una crisis dolorosa, amarga y desgastante. Fue
esa misma crisis, la que les permitió (después de un tiempo) entender que lo
que necesitaban era construir desde un cimiento diferente.
Juntos y
resueltos después de quince años de convivencia y dos hijos ya grandes, vieron
que esa dinámica de la costumbre necesitaba brillo; y de alguna forma, lo que
podría haber sido un motivo de conflictos los unió.
Los dos, se
sinceraron y plantearon el volver como una aventura, y la transformaron en una
meta en sí misma.
Iniciaron
planteando una suerte de prueba y error, donde hubo lugar incluso para evaluar ideas
que en otro tiempo habrían sido hazañas inconcebibles y tal vez alguna incluso,
inaceptable.
La tarde que se
hizo el primer el acuerdo, después de una larguísima charla con café, risas,
besos y llantos frente a la estufa a leña, los dos conspiraron sin dudarlo:
-
¿Vamos a hacerlo? ¿Estas segura? – pregunto
él.
-
Si, vamos a hacerlo y sí, estoy segura.
El pacto se cerró
con un abrazo largo y apretado. Se sintieron completos, amalgamados dentro de
un capullo suave pero fuerte, protegidos.
Luego de algunas
semanas de planeación y después de decidirse, a ellos les pasa lo que a todos
nos pasa cuando planeamos viajar, si bien el viaje comienza el día que la idea
entra en tu mente y ni un segundo después, la cercanía de la fecha de partida aumenta
la emoción y la ansiedad y las ganas.
Hicieron una meticulosa
investigación de lugares para visitar, buscaron paseos y hotel; coincidieron en
que un hotel cercano al obelisco, por la nueve de julio sería ideal para pasear
por el centro y por su cercanía al teatro Colon, porque no se van a quedar sin
asistir al ballet “Vendaval - Itinerario Piazzolla”, una especie de doble
programa con componentes tan disimiles como Tchaikovsky y Astor Piazzolla en un
mismo escenario que promete y mucho.
Después de ver páginas de hoteles y comparar tarifas y ubicaciones se
deciden por el Pestana Buenos Aires donde reservan una
habitación Queen Deluxe, hermosa, luminosa y con un balcón que ofrece una vista
privilegiada al centro de la ciudad. El baño es enorme con yacusi y ducha de
hidromasaje y la habitación se ve elegante y sublime.
Ya con los
pasajes de avión, el hotel reservado y las entradas para el teatro en mano, a
la salida de la oficina se juntan para ultimar detalles y conseguir algunas
cosas que estaban en la lista de pendientes.
Sin apuro, entraron
a una de las tiendas más exclusivas de la ciudad, dentro de lo exclusivo que
puede tener una tienda grande, gigante; con todo lo que busques, y fueron directamente
a la sección de ropa “para salir”
- ¿Bueno, y que vas a llevar?
- No sé, hay muchas cosas hermosas acá.
- Si, pero hay una lista a seguir – le
dice Pablo señalándole la pantalla del móvil con un gesto divertido-
- lo
sé, lo sé, ¿viste esa falda roja? ¿No es divina?
Sonia descuelga
la percha con una falda roja de terciopelo y la acerca a Pablo que la toca con
la punta de los dedos y evalúa su textura suavemente.
- La
verdad que es muy linda, pero habíamos quedado que la falda es de cuero, ¿habrá
alguna de cuero?, podríamos llevar dos – revisando otra vez el móvil, Pablo se
da vuelta y le recuerda – y una camisa, y el labial, no te olvides del labial.
Sonia le responde
haciendo una mueca y poniéndose bizca a la vez
- ¿Qué labial? ¿Uno rojo fuego? Jaja
Los dos ríen
un instante
- Ah! ¡me olvidé!, conseguí los aros y
son magníficos. ¡Magnifique!
- ¡Y no me los mostraste! ¿los tenes acá?
- No,
pero te cuento que son una flor como un tulipán, creo; y los pétalos están
hechos de piedras rojas engarzadas y lo mejor de todo es que tienen un clip y
no pesan nada– se acerca para decirle al oído- quedan di-vi-nas.
- Tacho los aros de la lista entonces.
- Los aros tachalos y el brassiere que
llega por correo mañana. – Sonia cruza los dedos y Pablo también - Espero que
llegue porque ya no nos queda mucho tiempo eh, ¿estas nervioso? – dice sonriendo. luego, imitando una voz de
comercial de televisión agrega - Nuestra suerte ha cambiado
Pablo sonríe y
le da un beso en la mejilla y responde.
- No voy a tachar el brassiere, hasta
que esté en la maleta
Los dos
asienten con la cabeza y cruzan los dedos otra vez.
Recorren la
tienda, Pablo no se decide por una camisa en especial, por lo cual recorren un
poco más y van a otra tienda y luego a otra más.
Para la hora
que cerraba el centro comercial tenían la lista completa y se los ve felices,
como niños con juguetes nuevos.
Llegan a casa
y mientras Sonia abre una botella de vino Pablo baja al sótano a buscar las
maletas; llenan la mesa del comedor con las cosas que piensan llevar y calculan
que con dos maletas grandes van a estar bien.
Luego de un
vuelo tranquilo y despejado bajan en Ezeiza; un Citroën C4 blanco los espera
para llevarlos directo al hotel. Se acomodan en la habitación, salen al balcón a
brindar por ellos con una copa de champagne de cortesía, pasan un rato viendo
la ciudad desde la altura.
A eso de las
siete de la tarde se preparan para la salida al teatro, la obra resulta ser
apasionante y diferente, conmovedora; al igual que la pareja que rato más tarde
camina por la nueve de julio. Se ven como dos mejores amigas paseando del del
brazo, tarareando “Noche estrellada” mientras los tacones de las botas resuenan en la acera y entre risas y
medias can-can, las faldas rojas se bambolean en una vibrante danza inédita.