Supervivencia
Es un buen día y juraría que andas revolviendo papeles viejos, que andas leyendo el futuro, que estas dando vueltas y vueltas persiguiéndote la cola. ¿Qué buscas? Vamos, dímelo. ¿Acaso amor? Ay, cariño, si ya lo has encontrado tantas veces, pero siempre esperas que sea algo más, como la felicidad (y la felicidad no se parece a la felicidad). Siempre pretendes que sea mejor, que sea diferente, que no sea lo que es. Pretendes que dure más. Que cueste menos. Eso te pasa, quieres más y quieres menos del amor. Nunca es suficiente. Siempre es demasiado. ¿Por qué?
Te debates entre el Génesis y el Apocalipsis, arkhē y eskhaton. ¿Por qué? ¿Acaso te guía el recuerdo imposible de la satisfacción primaria? ¿Acaso estás tras la huella fantasmal de lo que no se puede tener? ¿Acaso anticipas, como corresponde en el amor, al límite revelado por el otro, al límite del otro, al límite de uno mismo, límite que es, también, fin, es decir la muerte?
Amor. Lo has tenido tantas veces, tantas. Sí. De hecho diría que siempre se tiene. Más bien, el amor es lo que se tiene, es decir esto. Sí, esto y no otra cosa. Esa es mi definición de amor, aprehender esto y no otra cosa. Vivir esto y no otra cosa. ¿Por qué? Porque lo que se tiene es esto. Siempre.
¿Sabes? Hemos dado tantas vueltas. Sí, tú y yo. Todos lo hacemos. Y nos intentamos hallar en el otro. Y en otro. Y en alguien más. Y en uno más. Y todavía otra más. Pero da igual. Ya perdí la cuenta de cualquier manera (y en verdad nunca la llevé). Pero así somos. Todos. Quizás haya otros que no son así, pero no los conozco y no creo que los quiera conocer.
El amor. Si me preguntas por qué escribo otro fucking post sobre el amor es porque el amor no sólo es esto, sino que es todo esto, ¿ves? Si escribo este post es porque acá, al calor de este verano, entre árboles y amantes de estación, escucho preguntar en silencio una y otra vez si es en vano este amor. Pero eso nunca se sabe, es decir no importa o, lo que es casi lo mismo, en su imposibilidad de ser respondida la pregunta no tiene sentido hacerla.
Dime, tú que te preguntas cuán intenso es el amor del verano, tú que sólo quieres amor, que estas embotada de amor y aún así te sientes anoréxica, que quieres una sobredosis de lo que te sobra, ¿crees que es en vano este amor? Si te lo pregunto es porque el amor es una ola de calor, el amor es esta idea de que quizás escucho música en simultáneo contigo, quizás incluso la misma música que tú. Es obvio que no pero no es el punto, porque el amor es esto también, esta idea tonta que no me convence ni por un segundo de que uno es limítrofe con el otro, que uno está en contacto con el otro.
Pero el amor es el mise-en-abïme del otro porque el otro amado sólo se trata de un lugar. El amor es una experiencia de nuestro límite que se manifiesta en el otro: se vive en algún otro, seas tú o sea yo o sea alguien más. ¿Tienes idea de a cuántas personas se ama en un verano? Acá, al calor de la noche escucho música mientras miro al techo y te respondo “a cuantas se quiera.” Sí, porque pese a lo que digan siempre es amor, porque el amor es lo que hay y no hay escapatoria (ni quiero escapar). Lee mis labios: no es en vano este amor.
Es raro esto de la red. No lo entiendo. Va un poco en contra de lo que he estudiado, de lo que he leído, de lo que creo saber; digo, esa idea de estar “conectados.” Ahora bien, eso de ir en contra de lo que sé, de lo que creo e incluso en contra de lo que soy es algo en lo que creo mucho, así que ya ves. Mis propias creencias se constituyen aporéticamente sobre la posibilidad… no, más bien sobre la necesidad de su destrucción.
No sé cómo concebir un encuentro si considero que nuestro corte—escisión constitutiva—subvierte la posibilidad de un encuentro con nosotros mismos, por no hablar de un encuentro con un “otro.” Y, sin embargo, vivo este encuentro y esta conexión. “Tan conectados y tan solos” como diría aquel que, creo, de algún modo nos unió. Sí, a ti y a mí.
Hay conexiones en nuestras historias, pienso. Tenemos tanto en común: gustos musicales, métricas nominales, carnés de biblioteca, helados de verano. Tenemos mucho en común, lo que equivale a decir que proyecto mi conexión contigo. Pero la proyecto porque hay algo que me permite proyectarla. Hay algo en ti. Sí, claro que lo hay y, como he leído de estas cosas, sé que lo que hay en ti es lo que yo no tengo y sé, más aún, que yo te lo he dado. Pero lo importante aquí es que lo tienes.
Si pienso en conexiones, si puedo pensar en cosas en común, es porque puedo pensar en todo lo que nos diferencia. Tu otredad, tan deliciosamente ajena, tan indigeriblemente ajena: tout autre est tout autre como diría él, que, a su modo, también es nuestro. Y lo digo porque hablo de nosotros: nos-otros. Y tú eres tan indescifrable como el código binario que tiende este puente entre tú y yo, este puente desplegado palabra a palabra que traduce los impulsos eléctricos en mi pantalla en descargas de beta-endorfinas en mi mente—como si hablásemos el mismo idioma.
A veces pienso en lo posible y en lo imposible, en el tiempo y en el amor. En aquello que permanece con uno y en aquello que se va. Dicho de otro modo, pienso en esa tú que vive ya por siempre conmigo. Sí, pienso en todo aquello que me das, en todo aquello que me has dado, quizás sin saberlo. En otras palabras, pienso en todo aquello que tomo de ti de tal forma que juraría que al hacerlo parte de mi se queda contigo.
Me gustaría decirte tantas cosas. Pero me conoces, no voy a decírtelas. No te voy a preguntar todo eso que quisiera saber de ti. No. Me basta con saber que estás ahí, que existes. Eres genial, ¿sabes? Mucho. Y te diría gracias si no fuese porque tú eres así porque no puedes ser de otra forma y no porque me estés haciendo un favor o algo. Pero igual te digo gracias por todo por lo que tengo que darte las gracias: Gracias.
Quiero que sepas que pienso en ti. Pienso pues, en el Amor.
Todos los besos todos,
Max
Estoy en casa desayunando, mirando las flores del patio después de una ducha caliente un día de invierno antes de sentarme a trabajar. El gato me trae un pájaro muerto como obsequio. Me siento halagada. Para el afuera yo puedo parecer o bien una persona que desde el privilegio festeja la muerte de un animal inocente; o bien una persona mediocre que se conforma con poco. Para el gato yo recibí su premio y es feliz. Para el pájaro no hay nada que decir, ahora ya está haciendo sus cosas de pájaros muertos. Para la lombriz que el pájaro no comió fue un buen día. La tierra donde vive esa lombriz no requiere de abonos ya que la lombriz recicla la materia orgánica del suelo y aumentar su fertilidad. Para los potenciales pichones del pájaro, puede ser el preludio de una muerte inminente en el nido, el alimento de un depredador hambriento, o tal vez la oportunidad para un transeúnte de cuidar del ave, preparar papillas y salvar el día de dos almas en pena . Podemos as...